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lunes, 17 de septiembre de 2018

Tkm to the Baires and back


Día 202. Buenos Aires, Argentina.

No quiero definir a Buenos Aires, sé que cada vez me gusta más.
Me gusta mucho la manera caprichosa en que resalta cada barrio, dándole su toque a las calles, identificandolas. Aún no es verano y ya pude sentir ese olorcito que lo caracteriza. El verano tiene olor a noche cálida y tranquila; es la hora de la cena, pero te olvidaste de algo y vas a comprarlo a último momento; con cierto apuro, con cierta tranquilidad; algún perrito ladrando; las ventanas y puertas abiertas, la radio prendida se mezcla inevitablemente con la música de los vecinos. El verano fue hecho para compartir.
Villa Crespo tiene casas tan flasheras, ninguna resalta por su normalidad, y eso me compra totalmente. Te invitan a imaginar qué historias hay del otro lado. Porque al final, muy distintos no somos.
Comprobé que las ciudades por si solas son lindas, pero mucho más lo son con gente linda. Perderte en un barrio que no conoces de casas extrañas mientras atardece, siempre va a ser más divertido con una amiga riéndose y acompañándote en las boludeces. Y con un pibito que no se rinde y te invita a tomar una cerveza, sin saber que vos poco a poco lo llevás al lado dulce de los sabores.
El verano está a cinco cuadras, en el próximo atardecer, al final de alguna calle. De la primavera, esa traicionera, no haré mención (aún); solita escribirá en el destino.
6 años cumplió el blog. Brindis por todo lo que no sabía cómo decir y lo dejé de a pedacitos por acá. Liberté.