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viernes, 29 de septiembre de 2023

Here comes the sun

Las buenas ideas llegan en el decimosexto mate y en la canción número 3 de la ducha. Y la vida, siempre necesita una cosa: paciencia. Algo que me propuse practicar este año y que, indefectiblemente, he perdido más de una vez.

Pasé mucho tiempo siendo un gato, paseando por ciudades a solas, en mi propia compañía y buscando siempre algo que no sé qué es. Mi analista hizo una observación que me encantó: capaz en la fotografía lo que buscas es saber en dónde está tu atención. Sí, creo que en muchas ocasiones la fotografía me ha ayudado a saber en dónde estoy, como esa frase de Whitman que dice: si usted quiere saber dónde está su corazón, mire dónde va su mente cuando pasea.

Es preciso hacer un repaso por los últimos tiempos hasta llegar a los días actuales, como un avistaje antes de la revancha findeañera que siempre alguna carta nos lleva.

Grito de emoción: aprendí a manejar! Y qué hermoso que es, caóticamente divino. Mi instructor, Joshua, es lo más. Formamos una complicidad divina, hasta las últimas clases me cagaba a pedos cada 2x3, con historias de amor y chusmerío vario de por medio compartimos horas manejando por Palermo. Y ayer, me felicitó porque fue mi mejor clase; no tuvo que corregirme ni una sola vez y solamente peleamos por la música mala que escucha, y con la cual lo amenazo: esta canción no me inspira, voy a chocar. Y me devuelve: Mai, tú chocas igual, no culpes a la música. Todo porque la otra vez choqué en el examen para la licencia. Detalles. Cuando le conté que había ido a rendir casi le da un paro.

— ¿Qué me decís si te digo que el viernes rendí?

— ¿MAI QUÉ COÑOS? ¿TÚ ME QUIERES MATAR DE UN SUSTO?

El instructor menos dramático. No le había contado porque sabía que me iba a decir que no, pero yo tenía muchas ganas y me mandé igual, con un montón de consejos de todas las personas habidas y por haber. Últimamente mi vida se ha convertido en un medio de comunicación. Y me divierte. Descubrí que antes no me abría casi nada, ¿cómo iban a conocerme así? 

Ahora, vuelvo a rendir dentro de unos días, me quedan 2 clases para practicar bien el estacionamiento y la salida, que es donde fallé. La reacción de Mati esta semana cuando le conté fue graciosa:

— ¡Tuve el examen! Y bueno, choqué.

— Nooooooooo

Ya le dije que lo que más me preocupa es mi falta de atención. Los carteles de PARE y los de máxima 20. Bueno, también los semáforos, que fueron tema de discusión con Joshua:

— ¿Cuando están en naranja ya no paso, no?

— No sé. Yo sólo sé que se ponen en rojo, verde y AMARILLO.

No me deja pasar una. Y me reta porque me olvido de mirar los semáforos para peatones... Y porque a veces dudo si dejar pasar peatones.

Sigo siendo un gato que disfruta de perderse en laberintos, pero ahora abrí una puerta y lo hago más en compañía. A veces me bajo de planes con alguna excusa mala (la sinceridad atenuaría los efectos) y me libro al secreto placer de vivir el fin de semana como una hoja en blanco a escribirse en el momento. Todavía no he encontrado goce mayor que las horas lentas, la luz del sol y la libertad del próximo movimiento, que cae y se mezcla con todo lo demás...

Son nuevas las noches de salir a bailar, los talleres en los que todavía no me animo a leer nada de lo que escribo, la gente que estoy conociendo y con la que comparto abrazos y momentos. De repente me convertí en una especie de osito cariñosito.

El taller de poesía parece un club de sensibles, no hace falta que nos declaremos sentimentales. Escriben tan hermoso que me quedo sin palabras. Las emociones repartidas en el aire y la imaginación haciendo vuelo libremente; un permiso para jugar los viernes, para irse por otras vías, para dejarse llevar.

El otro taller es un tema aparte. Todo transcurre entre un desayuno compartido mientras analizamos y discutimos la obra y vida de Borges, recorriendo cada sábado su laberinto de arena.

Hay una idea latiendo fuerte y a la que le estoy dando tiempo y una falsa intimidad; sin querer se me escapa en cada esquina y el secreto pierde validez. Quiero que camine conmigo un rato más y ahí decidir. »Los poetas me acusan de deber ser valiente«

Las callecitas de Buenos Aires se vuelven a reescribir cuando sobre lo ya vivido nacen nuevos momentos. La memoria es una cosa extraña con la que a veces no me llevo. La primavera me deja con el corazón en la mano cuando estoy caminando por esta ciudad y un detalle infinito me devuelve otra cosa, algo que el tiempo acusa que ya perdí. Creo que ya sé lo que busco cuando fotografío.

sábado, 23 de septiembre de 2023

Laberinto

En análisis, siento que digo 5 palabras más y ya me quedé en bolas. No hay semana en que eso no suceda. Y por suerte, tampoco hay rescate posible.

Esta semana fue muy cómica, yo estaba muy dark y él me tiró al menos tres salvavidas que no agarré, pero esta vez, por primera vez, no me sentí sola después de esa hora atemporal de desnudez. Estaba caótica, enredada y sin salida. Se rió cuando le dije: Mi punto de hoy es que la existencia es muy complicada, Mati. 

— Bueno Mai, tranquila, tenés un enjambre... 

Y pasó a darme la siguiente instrucción: Ahora juntate con alguien, tomá una birra, salí.
Me recorría la vergüenza de lo que había dicho durante sesión, pero ese final fue más importante que toda la sesión en sí, porque fue cercano y amoroso. Siempre me deja algo para que piense para la próxima semana, pero esta vez se dió cuenta de que necesitaba un cierre diferente. Lo escribo y me recuerda a esta frase de C. G. Jung: "Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana" 🫀

Cuando estoy a punto de decir una boludez o quiero salir de la estructura de la sesión, lo nombro y se ríe. Después recuerdo diálogos o intervenciones entre semana y me dan gracia:

— ¿Vos hacés esto y te vaciás?
— Sí.
— ¿Te VACIÁS?!

Y cuando me ve con la intención de buscar la respuesta después de preguntarme algo, me exige sin vueltas: ASOCIÁ.

Ahhhhh, la transferencia!

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Veranito de San Juan


Un veranito dentro del invierno o un acto de impostura de la mismísima primavera


Septiembre 2023, Buenos Aires 

Siempre tuve cierta obsesión con el tiempo. Recuerdo bien tener 6 años y sentir que mañana era mucho tiempo, y que no había peor cosa que dejar para mañana un buen plan. No se convirtió en idea hasta entrada la adolescencia, y desde entonces, ha ido mutando conmigo: Yo y la idea del tiempo; escuchando a Cerati, leyendo a distintos autores buscando en ellos una complicidad y un entendimiento, robando instantes a través de una cámara, escribiendo, estando a mano con las horas en las noches de insomnio, homenajeando la cotidianidad y su magia. Y sintiendo, en cada momento vivido, en cada año, que no hay mejor momento que este, no importa qué. Hay algo que está más allá de los hechos, un contexto que me parece más importante que lo fugaz, o incluso, que aquello que nos marca. Y aunque me cuesta explicarlo, trataré de hacerlo: este momento lo tiene todo porque es donde podemos ser y donde la vida es. 

Los buenos momentos merecen ser reconocidos, y éste es un instante feliz, que si fuese imagen, sería el efecto Tyndall, ese que describe a las partículas de polvo suspendidas en el ambiente haciéndose visibles por un rayo de luz. No es por sacar cuentas, pero hace mucho que no me sentía tan entusiasmada con la vida en general. Es una locura. Y de vez en cuando pienso, cómo fue que viví tanto tiempo de otra manera, cómo escribí tantas líneas borrosas, a veces transparentes, ilegibles, mudas. Y me agradezco no haber dejado de escribir, no haber aceptado perderme. Son mágicos todos los pasos que me trajeron hasta acá. 

Y si acaso, Mai del pasado, pudieras leer ésto, gracias, gracias por el rescate.


https://open.spotify.com/playlist/6R8QeCzHMZ1vcZN7YlZWTr?si=e-kjioVqRiKxbUihq6RIzg