Pim, pam, pum, terapia los viernes es muy viernes. Me hace acordar a la última hora en el colegio, cuando ya el piberío no presta atención y el clima es de festejo, alegría y ganas de rajar. Por un tiempo después de terminar el colegio, extrañé ese momento. De vez en cuando, lo vuelvo a encontrar en otros escenarios.
Mati está tan distraído como yo. Es viernes en todos los trabajos; se infiltra el airecito a fin de semana y todo se vuelve más light. Comentamos el recital de Calamaro, y le digo que Andrés es el ejemplo de separar la obra del artista, y me tira: hay una frase que dice que no conozcas a tus ídolos porque te vas a decepcionar. Le digo que depende el caso y en qué lugar lo hayas puesto. Íntimamente, me acuerdo de una charla con un amigo músico que me recomendó no conocer a los músicos de una banda que ya olvidé.
Me dice: ¡Solucionaste lo de la nariz! Final feliz, le digo, y se larga a reír cuando le cuento del minuto a minuto en fotos con el médico por whatsapp, mientras yo arreglaba el asunto desde el baño de casa. Mi vida es un recuento de momentos delirantes.
— Ahora estoy pensando en qué mandarle, es difícil regalarle algo a alguien cuando no lo conoces.
— ¡Un vino! A los médicos se les regala vino.
— La pensé, pero ¿y si no toma alcohol?
— Un buen cuchillo para el asado.
— Era vegetariano, ah re.
— ¡Un queso!
— Es buena un queso. Un vino y un queso.
Se entusiasmó pensando ideas y ahora sé qué le gustaría que le regalen a él. Por lo pronto, encargué un box de quesos y la semana que viene se lo llevo al médico que me salvó un viernes a las 22hs. Toda esta situación me divierte.
Fue una semana larga y pesada, le digo que la somaticé completamente y se me van más detalles de la cuenta quejándome de que todavía no menstrué y cómo se siente no menstruar cuando tenés que menstruar, al final concluyo: ES UNA PAJA. Mati no dice ni mú.
— Desde que empezamos, esta fue la semana que más derrapé.
— ¿Qué hiciste?
— Todo lo que me hace mal.
— Si realmente no lo quisieras ver, ya hubieses encontrado una excusa para no ir al recital.
— ES QUE IGUAL NOS VERÍAMOS LOS OTROS DÍAS.
— SI REALMENTE NO QUISIERAS PONDRÍAS UNA EXCUSA!!!!
— Es que no es tan fácil.
— ¿No es tan fácil?
— No, además las excusas ya las pensé.
Es gracioso que sepa de mi habilidad para inventar excusas porque me obliga a ser sincera cuando quiero cancelar una sesión con él. Esta semana el motivo fue: toca Calamaro.
Hay un compromiso misterioso que me llama la atención, yo odio dar explicaciones, presentar motivos, y sin embargo...
— ¿Vos lo querés a tu papá?
— Sé que no lo amo, no sé si lo quiero.
— ¿Y él sentís que te quiere?
— No, llegué a la conclusión de que no me ama... Y en cierta manera saber eso me da tranquilidad...
Me doy cuenta cuando estoy tirando frases casi preestablecidas porque se parece a escribir pensando demasiado en el sentido de la oración. Mati también se da cuenta, pero me la deja pasar, tira preguntas en mis silencios e intenta rescatar algo vanamente, es muy viernes. Juega con una lapicera y hablamos de la angustia como si fuese la vecina de enfrente. Para romper la nube, le digo que tengo una pregunta:
— ¿Vos crees que la angustia tiene movimiento?
— Pregúntamelo de otra manera.
— Claro, si termina en algo, si tiene un fin.
— A ver, decime desde dónde te preguntas eso y te respondo.
— Antes sentía angustia y terminaba ahí, era como más vacía, más incompleta. Ahora siento que tiene movimiento, que aunque en el momento la vivo como algo terrible, termina y me lleva a otra cosa...
— ¿Qué es lo que te mueve?
— Pensamientos que a veces se convierten en acción.
— Ya te respondiste... Ya te respondiste.
— Sí, pero lo que quiero saber es si la angustia naturalmente tiene un fin.
— ¿Un fin de final o un fin de llevar hacia algo?
Mil vueltas después, suelta la explicación; la angustia que, conduciendo a un acto, concluye en el deseo. Lo enlaza con todo el tema familiar y hace un pantallazo general, termina de hablar y se queda en silencio esperando mi respuesta.
— Ahora estás angustiada y un poco ansiosa por lo que va a pasar, pero no le agregues tanto peso, no podes adelantarte a saber, hay cosas que hay que vivirlas. Muchas de las preguntas que tenés ahora, vas a poder responderlas y a saber por qué las tenés. La angustia que sentís te va a llevar a otra cosa...
— O sea que después de ésto voy a sentir calma?
— Hay que ver cómo se dan las cosas.
Rematé con lo que venía pensando hace un par de semanas y después se convirtió en escritura.
— El viernes a la noche estaba muy angustiada y escribí algo, ¿te lo puedo leer?
— Sí, obvio.
— Es muy fuerte lo que escribiste.
— Siento que parte de esta preocupación no es verdadera...
— Que está ahí para evitar hablar de otras cosas.
— Sí, estoy dudando. Me encanta dudar, pero pensaba, ¿hasta qué punto está bien dudar de lo que digo? Pero si dudo, significa que algo de verdad hay en la duda.
— Vamos a seguir hablando de ésto la próxima semana, es muy... importante.
— La semana que viene no nos veríamos, sería la otra.
— Entonces sería dentro de 2 semanas, ¿qué tenés la semana que viene?
— Todo el encuentro familiar, la verdad no programé nada, estoy rendida.
— Está bien, conectate (?) con eso. Suerte con el encuentro.
No sé si fue haber desmenuzado juntos la situación y en eso perder algo de lo que venía pensando, o habernos reído, pero esta sesión me hizo muy bien.