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sábado, 12 de agosto de 2023

Pulsión

La primavera parece haber empezado mucho antes este año, o quizás, debería ir abandonando la idea de que el invierno es algo muerto. (Creía haberla dejado, incluso escribí algo al respecto el año pasado, pero parece que sigue ahí). Empezar terapia fue como abrir las ventanas, como los paseos en bici por Libertador a riesgo de ocasionar dos choques múltiples y seguir sonriendo y cantando. Unas semanas atrás, le dije: "No sé por qué está saliendo todo ésto ahora, si ya estaba ahí y yo lo ignoraba o qué", y él me respondió: "Eso es terapia". Fue el mismo día que le conté una anécdota de Borges y me sentí como en casa. Las cosas andan bien, caóticas como siempre; están naciendo ideas que nunca habían estado, deseos nuevos. De vez en cuando, en el viaje tengo necesidad de parar y pensar: ¿Estoy bien? ¿Es por acá? Y creo que muchos de esos deseos son el pleno síntoma de que, como bien escribió Chano: en nuestros actos más secretos, nos detenemos a pensar: yo anduve algún tiempo muerto, me gusta resucitar así. Ayer pensaba que es probable que me salga bastante caro haber sido tan sutil ante la vida. Pero eso no importa ahora; las ventanas están abiertas, es agosto y me siento como hace mucho tiempo no me sentía...