Acompaño a la doctora hasta el sótano, donde me fijo por primera vez en una estantería llena de tarros. Algunos llevan la etiqueta «lágrimas 1850-1857», otros están llenos de«manzanas del jardín».
-¿De quién son todas esas lágrimas? -le pregunto.
-Son mías. Cuando lloro, recojo mis lágrimas en un frasco y las almaceno en este sótano para hacer cócteles.
-Pero ¿cómo es posible que produzcas tantas?
-En mi juventud, un embrión se equivocó de dirección al querer encontrar mi vientre.Encalló en una de las trompas, provocando una hemorragia interna. Aquel día me convertí en una mujer estéril. Me alegra y me satisface ayudar a dar a luz a otras mujeres, pero he llorado mucho por ello. De todos modos, estoy mucho mejor desde que llegaste tú...
Me avergüenza haberle hecho la pregunta.
-Fue un día triste, un día en que no dejaba de llorar hasta que me di cuenta de que me reconfortaba beberme mis propias lágrimas. Poco después descubrí que sabían mejor si las mezclaba con un poco de licor de manzana. Pero no hay que beber nunca cuando uno está en estado normal, en ese caso ya no se logra estar contento sin beber y se forma un círculo vicioso y uno ya no para de llorar para poder beberse las lágrimas.
-La mecánica del corazón.
Mathias Malzieu

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