El ruido es sinónimo de vida.
Plazas y jardines cubiertos por las voces de nenes jugando.
Alguien haciendo música.
Las noches un poco menos solitarias con las radios y los perros que no duermen.
Los cantantes anónimos de las calles.
Nacimientos.
El mar y los vendedores de churros.
Besos.
El bardo tan propio de las aulas de los colegios.
Los aviones que llegan y los que se van.
La lluvia: ¿excusa para los enamorados?.
La risa de los bebés.
Los bosques y sus habitantes plumíferos.
Un grupo de amigos.
No mencionemos al ruido especial de un consultorio odontológico, a la tiza sobre el pizarrón ni a las ambulancias...
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