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sábado, 23 de marzo de 2019

El Ateneo

Hay momentos que nos dejan un sabor particular y ya sea positivo o negativo, su singularidad es que son difíciles de traducir. Aunque lo mío no es la escritura o incluso la oralidad, en casos así, menos que menos.
¿Cómo expreso lo que me causó una conversación ni corta ni larga (más bien precisa) con un desconocido? Me dejó una sonrisa dibujada, ese es el efecto que causan las personas cálidas.
No nos preguntamos nombres. Le conté sobre algo que había leído de Édith Piaf, y se mostró de acuerdo con el pensamiento de ella. Después, en un francés lindo, hizo referencia a la letra de sus canciones. 
Me preguntó si sabía inglés, me habló en inglés con una fluidez encantadora. 
Dijo que los jóvenes somos naturalmente tímidos, y que él de joven también lo era. 
Me recomendó tres veces el libro de cuentos que tenía en la mano y me hizo, con sus palabras, una síntesis. Me preguntó qué libro estaba leyendo yo.
Le conté que escribo. 
Le pregunté sobre poesía y su opinión fue que la poesía, a diferencia de otras lecturas, requiere más: comprender, sentir (elementos que no son correlativos).
Dijo que estaba muy solo.
Miró el reloj.
Cerró el libro, guardó sus anteojos, se despidió con un nice to meet you, me deseó mucha suerte y se fue.

- El Ateneo: donde los libros resultan ser un puente.

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