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lunes, 3 de febrero de 2020

Entre montañas

Amanecer by Seby

Empiezo a ver que todo este tiempo madre y padre me estuvieron dejando algo que sólo desde el amor y un entendimiento sabio de la vida se puede dar: libertad. Seguramente en más de una ocasión no fue sencillo para ellos. La libertad está lejos del egoísmo, las comodidades y las conveniencias. Pero ¿Qué es el amor sino la idea de no poder ver sin volar a quienes amamos?

El lunes pasado dejé la ciudad porteña y llegué a Bari para encontrarme con ese clima que amo más de lo que lo padezco. El sur es el sur, no hay manera de cortar el cordón umbilical de sentir calidez cuando se vuelve a estar alrededor de montañas. 
Lo conocí en su lugar, con las montañas y el frío abrazándolo, y me gustó tanto verlo con esa libertad. Y querría conocerlo más, siempre más. 
Es organizado hasta en los encuentros de último momento, naturalmente detallista y atento hasta cuando es un zombie dormido, inteligente, paciente, de abrazos largos y como en casa en cualquier parte. Podría decir un abanico de cosas sobre su persona y sin embargo, no es por ahí, nunca es ahí. Lo bello carece de definición. La excepción es la ciencia, que mediante pruebas y posteriores explicaciones, logra que admiremos de nuevas formas lo que nos rodea. Pero cuando se trata de almas y el que habla es el corazón, no suele haber palabras de por medio. Y quizás por ahí sí vaya más: en no encasillarlo ni ponerlo en un lugar de definiciones. Porque Seby simplemente es. 
Las siguientes sorpresas continuarían apenas un poco más al sur, en la casa de mis abuelos para seguir entre abrazos y mimos.
Fui tan feliz en este viaje que sólo puedo concluir que hay que seguir jugando, viajando, en la naturaleza, desayunando pizza y besando. 

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