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domingo, 13 de junio de 2021

Algo natural

 Cuando el cielo se torna naranja y empieza a oscurecer, los gritos de los chicos eufóricos se apoderan del final de la tarde mientras el juego continúa, y son las 18:15 y es sábado, cuando el libro que tengo en mis manos será automáticamente dejado de lado para responder a otros deseos, cuando en tanto alboroto hay una simpática tranquilidad y la vida vuelve a ser bonita otra vez, como una revancha personal a un tiempo pasado. 

Se trata de instantes. 
En una línea de tiempo infinita, 
más que el propio de cada uno. 

Y si no fuera así, si el hechizo ocurriera al revés, porque hay veces que sucede, entonces, la vida probablemente se presentaría amable más tarde; pero siempre, siempre en cualquier lugar, hasta en el más recóndito y menos próspero para dichos conciertos, hay risas adueñándose de silencios, miradas cómplices, cielos despejados, espíritus aventurados y venturosos, cafés con leche con dibujos, aves en estatuas, demostrando que quizás sí, quizás sea así...

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