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domingo, 16 de junio de 2024

Y si querés te sigo

No hice nada en todo el día. Un homenaje al ocio. 

Anoche fui a un recital de los Babas. Belleza. No hay nadie que maneje mejor el arte del beboteo que Dárgelos. Ahhhhh!

La música salvó mi vida, lo confirmo todos los días.

Me está gustando mucho alguien y estoy conociendo a otro alguien, que no es el primer alguien. Y este último alguien me robó un beso, me corrí y me dijo: no daba, no?  y me sinceré: no estoy buscando una relación. (En realidad sí, pero no con vos).

No voy a invitarte a mi fiesta, pero me encantaría que aparezcas.

Hasta ahora metí 4 de 5 parciales. La vida universitaria va bastante bien, duermo siestitas en la biblioteca, muero dramáticamente en cada nuevo intento de entender biología, paseo apuntes por media ciudad, hago recreos musicales, mi gente celebra conmigo cuando me va bien y, cuando me va mal, me animan. Hay mucho afecto en esta nueva parte de la vida.

Cada dos por tres tengo ganas de renunciar, pero creo que es porque cada vez es menos fuerte este deseo, y como todavía no hay nada en su lugar, intenta aferrarse al papel que siempre tuvo: una medida protectora de bajo presupuesto, pero de alto valor sentimental. La vida sin salvavidas es imposible. Sé también que si me relajo, si abandono algunas ideas, no me voy a hundir, voy a flotar. Pero esta secuencia siempre da miedo.

La mitad de mi vida fue planeada sobre un edificio que ahora está en demolición. Estoy bastante perdida. 
Unos días atrás, caminando por Buenos Aires, le dije a mi psicoanalista: no sé cómo llevar mi vida. Pero la estás llevando, me respondió. Al final, argumentó: querés controlar la vida y la muerte, querés saber lo que va a pasar antes de que pase, no lo podes saber, tenés que vivirlo.

Entre nosotros, aquí y ahora, un secreto: no voy a dejar que la vida me aplaste.

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