Aprovechar el nuevo año para resucitar.
Terminé el 31 de una manera polémica e impensada, pero quedando a mano con mi espíritu y sin deudas. Creo. Se lo comentaré en sesión a mi analista.
El 2 de enero ya me tiró piñas, pero recién son las 3 pm y es solamente un bardo del cuerpo. O sea, pasará. Más teniendo en cuenta que le di diclofenac e ibuprofeno para ayudarlo a remar. Ella no tenía ganas de sentir ningún dolor. En realidad, quería ir a nadar. Y mi cuerpo, puntual, decidió empezar el año menstruando. No suelo ir a natación cuando me viene porque no lo disfruto tanto. Me persigo pensando que la presión del agua me va a traicionar, que la copita se va a mover y la pileta va a quedar roja, intervenida como pintura de Jackson Pollock.
Mañana probablemente vaya y me atenga a las consecuencias neuróticas. Hoy, antes de que anochezca, voy a hacer la primera salida a correr del año. Amo, amo, amo. El running es tan masoquista! No hubiese llegado hasta este punto sin Juampi, que me habló el 31 a la noche para felicitarme por el trabajo hecho. Cada vez se complica más el asunto de dejarlo. Quizás tendría que proponerme seguir con él, porque ahora es fácil entrenar y seguir un plan, pero en pleno abril, cuando el año se me tire encima, seguramente me venga bien un empujoncito.
Escribo empujoncito y me acuerdo de cuando le dije a Mati, con respecto a un tema que me cuesta hablar, que necesitaba que me diera empujoncitos porque sola no lo iba a hacer. Y así lo hizo. Me da empujoncitos, me da instrucciones. Me hace reír cuando me dice con precisión lo que tengo que hacer o lo que tengo que decir en una situación. Lo quiero mucho. En muchas escenas es mi voz en off.
Me parece cómico también cuando me baja línea en la crítica o en la queja, porque me muestra otro punto de vista y me salva, un poco, de escucharme sentenciar cual juez en oficio. Quedo capturada como un pez en una red. Y pienso qué aliviador que exista un espacio en el que esos comentarios, que salen disparados de mi interior y por otras personas serían apañados, no tengan lugar ahí. Supongo que ese es otro límite. Un semáforo en rojo. Al final, yo también quiero dejar de escucharme decir esas cosas.
A las únicas personas que nunca critiqué en análisis fueron Chano y Borges. Tengo límites. Y son poéticos y sentimentales.
Durante el invierno, mientras andaba por Buenos Aires, pensaba mucho en la cuestión de los empujoncitos, pero aplicado a los días. Todo me costaba. Entonces pensaba: ¿cuántos empujoncitos necesita un día para seguir andando? El día y yo éramos lo mismo. Cuando dejé de pensar en eso, empecé a pensar, ya en la primavera, en los empujoncitos que nos damos unos a otros para ayudarnos. Y pienso que, si seguimos andando, es porque, como en la física, hay una fuerza externa que ayuda y promueve la fuerza interna. Creo que estuve mucho tiempo con la frase "Te llevo para que me lleves" en la cabeza.
Ahora, como quedé crazy con biología, mientras nado y siento la resistencia que se genera con el agua, aparece inevitablemente la relación con las moléculas que se mueven en contra de gradiente. Estoy un poco hipnotizada con la resistencia y con cómo un mínimo cambio en la posición del cuerpo puede hacer fluir mejor el movimiento. Mati me dijo que no intentemos averiguar cómo fue que aprobé. Yo todavía sigo sorprendida. Biología fue un parto.
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