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viernes, 17 de octubre de 2025

I'm gonna get blue

Viernes morning.

10:15 am. Mi huésped todavía duerme. Me desperté 7:30, me hice matecitos, prendí la radio, escuché a Buenos Aires llover; todo un curso de cosas que no son propias de un viernes. Pero hoy no trabajo. 

Ayer hice un papelón más. Ya hice muchos este año. Quiero dejar de hacerlo pero no puedo, el panorama emocional interior se me desorbita y quedo expuesta en cualquier lado, sintiendo vergüenza y queriendo huir. Y eso hice ayer, me fui. 

En ese momento creía que estaba pensando, pero no pensaba en nada en realidad. La angustia se llevó mi pensamiento analítico —no así el organizado— y le envié un mensaje a mi analista que comenzaba diciendo: Mati perdón.

 ¿Qué habrá pensado? 

De todas maneras, había coherencia con lo que habíamos hablado el día anterior en sesión. 

—Estás ausente. (...) No, pero sin intentar darle un sentido: estás ausente.

Entré 8:30 y me fui 9:30, no esperé respuestas ni pedí permiso: actué. La angustia suele dispararse en ansiedad y en deseos de irme de cualquier lugar en el que esté. Por lo general, puedo manejarlo, pero esta vez, la angustia fue más fuerte y me produjo un efecto de pensamiento túnel, donde mi única opción viable era irme.

"¿Vos sabés que no te podes ir de tu puesto de trabajo sin mi autorización?", me preguntó la inoperante que tengo como jefa. 

Lloré en un consultorio de La Boca, la médica me preguntó si prefería 24 o 48 hs de licencia, me dió pañuelitos, me dijo que me ocupe y vendió mis síntomas en un certificado. 

Le respondí a Mati, me hizo bien leerlo y que esté al tanto. Aunque en un principio dudé si era importante avisarle, en situaciones así siempre es mejor contar con su apoyo. 

Me preguntó si me había ido a casa, le dije que no: di vueltas por media ciudad, envuelta en un aire de extrañeza y desenfoque predecibles, resolví trámites, compré regalos por el día de la madre y reorganicé la agenda del día para irme a nadar. Una vez ahí, entre brazadas y respiraciones menos superficiales que otras veces, reubiqué mi cabeza y mis pensamientos. Todo me pareció raro. Mati me hizo un seguimiento a lo largo del día. 

Ya estoy en eje, le dije a la noche.

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