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viernes, 18 de noviembre de 2022

Pétalos



18 de noviembre, 22.

Mi punto de partida, 
los años de mi vida
Puse: “te extraño tanto” 
en el diario del espanto
Cuando mis horas queman, 
lloran las macarenas
Penas arrabaleras,
pétalos de flores de alelí

Todas las fotos corresponden al mismo día excepto una que se rebeló ante las otras y nació el viernes pasado a la mañana. En momentos así recuerdo que es lo que más me gusta de vivir. 

Cuando el cuerpo es atravesado por una emoción que escapa de las palabras, la razón se diluye y el corazón se vuelve uno con el paisaje. Maravillarse. Todavía sigo encontrando como nuevo que la vida sea más interesante de lo que creía cuando era chica. Y qué suerte que fue así, qué suerte que la vida esté acá a dos cuadras. Creo que sin el arte no hubiese sido posible salir del estado de desencantamiento, que no era angustia, era más bien una pregunta y un vacío que me llevaba alrededor de todas las noches. ¿Por qué todo el mundo quiere vivir si ésto no es gran cosa?

Tarde o temprano lo encontraría, porque lo que a uno realmente le pertenece no puede perdérsele.

Difícil que alguna vez deje de documentar la vida, sería como perder el sol. El arte barre el polvo de los días, cambia el ritmo de la respiración por algo más pacifico, a veces excitante, otras incómodo (la luz que despeja es también la que revela nuestros vacíos); pero el arte, es necesario. 

¿Y de qué sirve la fotografía?

En términos matemáticos de dudosa confiabilidad, en el arte como en el amor, perdemos más de lo que ganamos. Y a pesar de eso, hay y siempre habrá, amantes, retratistas de instantes y artistas inquietos esperando bondis que nunca llegan. Porque se trata de otra cosa, algo más natural e inevitable, como frenar en el medio de la calle un martes cualquiera —dejando a un lado el tiempo, el ruido, los bondis del mundo— porque vi una foto y no podría seguir, si no la llevo conmigo. Porque vi y sentí...  

https://youtu.be/X7mY1iSG5uY

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