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viernes, 13 de octubre de 2023

¿Cómo entra el amor en tu vida?

Agarro el mate, un librito muy mini recientemente adoptado, y me siento en el piso. Las ventanas están abiertas; llega el sonido de la convivencia, los ruidos del edificio ya me son familiares y hasta lindos. Siempre quise vivir en un edificio, o en realidad, siempre quise el abrazo de lo cotidiano, cierta idea de crecer junto a alguien. Mientras lo escribo, dudo que sea una idea que tenga que ver con lo anteriormente escrito, pero lo suelto. Ya sé de dónde viene.

Ayer me enteré de algo que me movió el piso, enseguida se lo conté a Carli y lo que me dijo me hizo sentir y pensar más cosas. A veces las amigas somos unas hijas de putas, en vez de calmar las aguas, las agitamos más. Sabemos devolver la calma, pero también sabemos cuando es necesario no hacerlo. Y somos cómplices del caos y de las consecuencias de vivir. No tenemos miedo de que la otra se caiga; al contrario, la amistad es un lugar en donde te podes caer con libertad, sacarte el disfraz y sobrevivir a la incomodidad de sentir todo en su máximo esplendor y exageración; voy a estar con vos.

Todavía soy nueva en materia de amistad y confieso alguna vez haberme sentido tan bien con una amiga que deseé tener algo de todo eso en un noviazgo. Pero lo veo imposible: la amistad y el amor son frecuencias distintas, y aunque una tiene de la otra, esa parte de la que hablo, el amor no la tiene. Únicamente está entre amigas. Así que no se reserve a una u otra forma de amor, tenga y viva de todo: amigas, amigos, noviazgos, amantes... Y particularmente, de esas amigas que, en vez de tirarte el salvavidas, saben cuando sólo necesitas que se queden ahí, con vos.

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