Nunca imaginé que alguna vez iba a volver al pasado de esta manera, como trazando un mapa, siguiendo los pasos que hice, tratando de encontrar los puntos que fallaron, lo que no funcionó y también lo que sí.
Estar en análisis es como darle otra oportunidad, otra atención a mi yo de antes de ayer. Y quizás, eso era lo que buscaba. Una atención en forma de pistas de Blue.
La sesión de hoy fue intensa.
Me doy cuenta que estoy en automático cuando Mati me pregunta cómo estoy y, claro, nunca respondo todo bien; eso es muy cotidiano, muy de afuera. Pero hoy sí, un desliz, todo bien, ¿vos?
Me mira, hace una pausa y se arregla con bien. Hace silencio y me mira divertido. Últimamente hace silencio al principio, dejándome lugar a que empiece, pero yo nunca sé qué carta tirar. Procede: ¿qué tal la semana?
Más o menos, no mal mal mal, pero...
— Estuve ausente éstos días. Y ayer sentí mucha incomodidad, muchas ganas de desaparecer.
— Incomodidad con el cuerpo?
— Sí
— Y ahora, cómo estás? Estás incómoda?
— Sí, más o menos.
— Y cómo sabés que estás incómoda?
— Cómo sentís el cuerpo? ¿Es un cuerpo que duele, pica, sangra...?
Me explayo con placer intentando explicar lo que siento cuando siento ganas de desaparecer. La sesión recién empieza y yo ya hice silencio 89 veces, Mati me mira y orquesta los silencios invitándome a seguir. ¿Cuántos mjm musicalizará por día?
El deseo de desaparecer es utópico, aclaro, no puede uno irse ni dejar el cuerpo. La incomodidad es como sentir que el cuerpo es un extra, algo que me quiero sacar de encima.
— ...Depende de cómo esté la relación conmigo misma
— Pero el vos misma incluye también a tu cuerpo!
— Estas ganas de desaparecer me parece que en realidad son ganas de estar mejor (...) En los momentos en los que estás bien, cuando haces natación, no tenés ganas de desaparecer... Tenés que hacer cosas que te hagan sentir el cuerpo, darle otros usos.
— Por ejemplo?
— Natación es un buen ejemplo, en el agua sentís el cuerpo de otra manera...
— Hoy pensaba en eso, cuando terminé de entrenar pensé hago muchas cosas mal, muchas cosas en contra mío; pero hay algo que hago bien, el movimiento, es lo único que la mente y el cuerpo me piden al mismo tiempo.
Me habla de aceptar el cuerpo que tengo y pienso en una canción de Charly que conocí por él (ey, vos! bancate ese defecto).
Hace una lectura que me interesa, une las ganas de sacarme el cuerpo con lo que le hago en contra, como para contrarrestar el impedimento real de huir. Y dice, como muchas veces: este vaciar, llenar, vaciar, llenar...
Habla, habla, habla. Trato de escucharlo profundamente. Estoy practicando el tema de la atención cuando escucho a alguien. A Mati me gusta escucharlo porque me gusta las palabras que usa, capturo su manera, su idioma.
— Te voy a preguntar algo que no hemos hablado, todo ésto tiene que ver con el erotismo, con la sexualidad, con el sexo?
— En qué sentido?
— De cualquier manera
— Sí, alcanza varios temas. En los momentos que siento incomodidad, no me gusta el contacto físico con otros
— Ahhhh
Con la compilación de sensaciones extravagantes que declaré, pensé que me iba a decir drogas, pero dijo erotismo.
Confieso que tenía miedo de empezar a hablar más y que se eche atrás, pero más allá de amenazarme con derivarme —como forma de ponerme un límite— no llegó. Y mis ausencias ya no le asustan, así que ahora sí, es mi analista.
De la sesión de la semana pasada me llevé una frase y hoy la solté en forma de pregunta: no tuve éxito. Mati da 120 vueltas antes de responder una pregunta o responde con silencio esperando que el efecto espejo me haga hablar. No happens. Lo llené de preguntas igual, no es tan paciente con el silencio, ya lo descubrí, me corta o responde.
— Por qué desborda un cuerpo?
— Qué querés decir con desbordar?
— Que va más allá del límite
— ...
— Qué te pareció Un cuerpo al fin?!
— Me encanta. De ahí viene mi pregunta. Ahora estoy con la parte en la que elogia al síntoma.
— Qué es lo que te gusta? Qué te preguntas?
— Tengo una pregunta, no, dos preguntas. ¿Por qué un síntoma y no otro? ¿El síntoma siempre es agresivo?
— .... Hay síntomas más o menos agresivos, con uno o con otros (...) Hay personas que conviven con su síntoma toda la vida, como forma de inhibición o de fobia, son personas que tienen mucho respeto por la vida
— Cómo mucho respeto?
— Tienen mucho miedo por la vida
Interrumpe mi hilo de interrogaciones con una pregunta que me sorprende y me resulta familiar a la vez.
— Qué buscas?
— Capaz un poco de calma, aunque la pierdo más de lo que la encuentro
— Ajá
Mi respuesta le es indiferente y cambia de tema. Los dos sabemos que respondí por responder.
Hablamos del síntoma como si fuese un primo en común, hasta que lleva el tema hacia mí, como un conductor. Y empieza a hablar de ayunos.
— Y me decías que todo ésto empezó cuando tenías 10, 11 años
— Sí, me costó pasar de la niñez a la adolescencia. No me resultó natural, me resultó chocante. Estaba negada.
— Es un momento de muchos cambios en el cuerpo
— Me acuerdo que no quería saber nada con la menstruación. La primera vez que menstrué tenía 12 años, o sea la edad estaba re bien, fue a la mañana y lo conté recién a la noche, la negación total.
— ¿Por qué no querías menstruar? ¿Ya sabías lo que era? ¿Tenías información?
— Sí, tenía toda la información. Pero yo no quería saber nada. Encima fue en reyes magos (?)
El comentario de los reyes magos queda perdido en el aire, Mati es judío. Agrega que la menstruación significa pasar a ser mujer, lo pienso y disiento. Pero lo voy a tener en cuenta.
Mati agarra la menstruación como tema central y a mí, no sé por qué, me gusta hablar del tema. Y empiezo a recordar.
— En un momento perdí la menstruación, no menstrué por meses, comía muy poco. No hacía ayunos pero sí restringía mucho.
— Cuándo fue eso?
— El primer año en Buenos Aires
— Tuvo que ver el irte del sur la incomodidad con tu cuerpo?
— No, de hecho en ese momento me sentía bien. Estaba acostumbrada, lo tenía naturalizado.
En ese momento, perder la menstruación fue el primer quiebre, y el segundo lo recordé después.
— Fui a la nutricionista, fue la peor consulta médica que tuve, tenía cero tacto. Se asustó en frente mío y cuando me estaba dando el próximo turno me dijo: quiero verte la próxima vez, sino voy a tener que ir a buscarte abajo de la tierra.
— NOOOO
— Siii, proyectó mi muerte futura. Y yo tiendo a ser literal y me imagino todo muy rápido... Volví la segunda vez
— Mmm
— Y sí, me asusté.
— Vamos a dejar por acá hoy
— Bueno
— Vamos a construir bordes
— ¿Cómo bordes?
— Límites
La dinámica en terapia a veces es graciosa porque Mati habla habla habla y yo le pregunto, él responde y seguimos así hasta que se da cuenta y se queda en silencio. Un análisis debe tener momentos divertidos.
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