La vida se cuela por cada callecita, por cada bondi que concluye en mañanas, en amaneceres gélidos de invierno. Soy feliz en este momento, aunque me queje, aunque diga estupideces y caiga con frecuencia en lugares darkies, desconocidos y familiares a la vez. Me gusta el caos que me está ofreciendo la vida, las personas que me rodean, que son como un equipo, una hinchada que no me deja sola en ninguna. En el último año, descubrí que me encanta volver colectivos los actos que bien podrían ser solitarios. Compartir, buscar apoyo en el otro, sentir que mi oración termina y comienza otra en otra boca.
Nunca me sentí tan acompañada como ahora, ni tan Mai. Qué loco que acercarme más a mí me haya acercado más a otros.
Siento que nunca puse tan en juego la vida como en este momento. Me estoy replanteando ideas que edificaron mi vida durante la mitad de mi vida, y no sé qué hay a la vuelta, qué me espera si las dejo ir, si le quito el disfraz que le puse a la vida. ¿Qué habrá? ¿con qué me encontraré? tengo más miedo del que puedo expresar, pero no estoy sola en este laberinto. Hace unos días, cuando pregunté qué hay detrás de una idea que parecía firme pero que ahora tambalea, y que siento que si se cae, caigo con ella, Mati me respondió: algo mejor. ¿Qué es eso mejor? Si esa idea, aunque sea un delirio, me salvó.
Hay un largo recorrido a la vista, eso lo sé, y es la primera vez que lo estoy diciendo en voz alta: un recorrido a la vista... Un futuro.
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