Followers

miércoles, 23 de julio de 2025

Hablando a tu corazón



Un invierno tan calesita como quien suscribe, homenaje íntimo a la neurosis; no hay vuelta ni repetición que no se haya hecho o que se esté por hacer. Se declara el derecho a escaparse de los jefes, de los empleos, de las manos del tiempo para gozar al abrigo del sol.

viernes, 20 de junio de 2025

Mr. Blue Sky

Leo lento cuando me inunda la emoción y me sobra el apuro. La emoción me obliga a bajar, a admirar, a pensar un poco más, a no pensar nada a veces. Me gustan las lecturas que me marcan un tiempo suave, como si me exigieran otra cosa. Las mejores cosas requieren detención, pienso. A veces es mi cuerpo, imposible de domesticar, el que me pide movimiento; un movimiento que parece no tener fin ni revancha, que no sé a dónde me va a llevar. La cabeza, ahí, no es más que un copiloto que acompaña. Y esta parte indomesticable, salvaje y caprichosa, a veces parece saber más que la cabeza que insiste con estructuras, quietud, reglas. 

Unos días atrás, en una conversación sobre el cuerpo, me dijeron algo que, hasta hoy, no sé por qué me sorprendió tanto. Me pareció brillante. —¿En serio? —repliqué. Y la voz del otro lado del teléfono le dio otra vuelta de tuerca. Como no podía verme —aunque la voz ya es muy delatora—, sentí que merecía escucharlo: estoy muy sorprendida, le dije. —¿Qué es lo que te sorprende? —me preguntó. No supe decirlo. Borges decía que es difícil explicar un agrado; yo creo que también es difícil explicar una sorpresa. Y, quizás, no haya más que dejarse tomar por la sorpresa y el silencio que viene con ella. 

Una escena totalmente especial, una llamada bajo el sol por Buenos Aires una tarde de invierno.

viernes, 6 de junio de 2025

Estallando desde el océano

Todavía no encuentro la manera de ser menos un pez inútil, creo que porque un poco me divierte. Entonces voy abriendo ventanas adonde vaya, espetando para mis adentros: me ahogo.
Bajándome de bondis antes de llegar a destino, poniendo un pie en la calle seguido de un fuerte suspiro y una canción sonando aún más fuerte.

Y llego a sesión y le digo a mi analista: me estuvo faltando el aire.
Y él me invita a hablar, y entonces desenredamos la trama de piletas que se llenan hasta el borde y no me dejan respirar.
Al final de la sesión él dirá: “tu papá”. El espacio se llenará de un silencio sepulcral. Ante mi respuesta no respuesta, agregará algo más y dará por terminada la lectura.
Trataré de hacer de cuenta que no me movió un pelo que dijera “papá” en vez de su nombre, pero todo el cuerpo me delatará.

Llamaré a alguien. Suspiraré toda la conversación. Voy a tratar de escuchar, de responder; no va a funcionar.
No voy a atender ningún “¿cómo estás?”, pero voy a colaborar en cuanta conversación aparezca, mientras mejoro cada detalle de mi disfraz.

Cuando llegue a casa, voy a pasar rápidamente —como dándole play a un flashback— por cada momento del día, sin entender cómo puede caber tanto en 24 horas.
Me va a pesar lo que no hice.

El mate al final del día anunciará que sobreviví. Sigo con mis libros y con la vida.

miércoles, 14 de mayo de 2025

Olvidate de todo

Qué dificil que es aceptar con dignidad que tuviste un día de mierda. Yo quiero salir a gritarlo al balcón, caminar por la calle vencida mientras suena Hablando a tu corazón, y le doy la razón a Charly cuando dice: "No puedes ser feliz, con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor". Publicarlo en todos los medios, en la radio que nadie escucha y en el diario que nadie lee. Desear con todas las fuerzas extinguirme y sentir que así, en una de esas, en este instante o en el próximo, quizás sucede. 

domingo, 9 de febrero de 2025

Gozar

Una frase que se repite entre mis amigas ante las tempestades de principios de año es: "recién es febrero".  

Para mí, un verano intenso augura un año igual o más intenso.  

Ahora, por ejemplo, siento que los próximos días van a llevarme puesta, las condiciones emocionales tampoco ayudan a bajar el agua ni a disminuir los efectos de las cosas que pasan.  

Y en la toma de decisiones, estoy entre pasar la puerta o quedarme acá. Y este año, me deseo más valiente... Tendría que empezar a ponerme en práctica, a moverme, y que sea lo que tenga que ser. 

Tengo miedo, varios restos de ansiedad y una sensibilidad floreciente que insiste con estar. También es febrero y verano, y caben en este instante la intensidad de todos los instantes futuros.  

En momentos así, suelo decirles a mis amigas: al menos nos tenemos. Porque basta con una presencia amorosa para poder seguir.  



jueves, 2 de enero de 2025

2025 sounds like Navidad

Aprovechar el nuevo año para resucitar.

Terminé el 31 de una manera polémica e impensada, pero quedando a mano con mi espíritu y sin deudas. Creo. Se lo comentaré en sesión a mi analista.

El 2 de enero ya me tiró piñas, pero recién son las 3 pm y es solamente un bardo del cuerpo. O sea, pasará. Más teniendo en cuenta que le di diclofenac e ibuprofeno para ayudarlo a remar. Ella no tenía ganas de sentir ningún dolor. En realidad, quería ir a nadar. Y mi cuerpo, puntual, decidió empezar el año menstruando. No suelo ir a natación cuando me viene porque no lo disfruto tanto. Me persigo pensando que la presión del agua me va a traicionar, que la copita se va a mover y la pileta va a quedar roja, intervenida como pintura de Jackson Pollock. 

Mañana probablemente vaya y me atenga a las consecuencias neuróticas. Hoy, antes de que anochezca, voy a hacer la primera salida a correr del año. Amo, amo, amo. El running es tan masoquista! No hubiese llegado hasta este punto sin Juampi, que me habló el 31 a la noche para felicitarme por el trabajo hecho. Cada vez se complica más el asunto de dejarlo. Quizás tendría que proponerme seguir con él, porque ahora es fácil entrenar y seguir un plan, pero en pleno abril, cuando el año se me tire encima, seguramente me venga bien un empujoncito.  

Escribo empujoncito y me acuerdo de cuando le dije a Mati, con respecto a un tema que me cuesta hablar, que necesitaba que me diera empujoncitos porque sola no lo iba a hacer. Y así lo hizo. Me da empujoncitos, me da instrucciones. Me hace reír cuando me dice con precisión lo que tengo que hacer o lo que tengo que decir en una situación. Lo quiero mucho. En muchas escenas es mi voz en off.

Me parece cómico también cuando me baja línea en la crítica o en la queja, porque me muestra otro punto de vista y me salva, un poco, de escucharme sentenciar cual juez en oficio. Quedo capturada como un pez en una red. Y pienso qué aliviador que exista un espacio en el que esos comentarios, que salen disparados de mi interior y por otras personas serían apañados, no tengan lugar ahí. Supongo que ese es otro límite. Un semáforo en rojo. Al final, yo también quiero dejar de escucharme decir esas cosas.  

A las únicas personas que nunca critiqué en análisis fueron Chano y Borges. Tengo límites. Y son poéticos y sentimentales.

Durante el invierno, mientras andaba por Buenos Aires, pensaba mucho en la cuestión de los empujoncitos, pero aplicado a los días. Todo me costaba. Entonces pensaba: ¿cuántos empujoncitos necesita un día para seguir andando? El día y yo éramos lo mismo. Cuando dejé de pensar en eso, empecé a pensar, ya en la primavera, en los empujoncitos que nos damos unos a otros para ayudarnos. Y pienso que, si seguimos andando, es porque, como en la física, hay una fuerza externa que ayuda y promueve la fuerza interna. Creo que estuve mucho tiempo con la frase "Te llevo para que me lleves" en la cabeza.  

Ahora, como quedé crazy con biología, mientras nado y siento la resistencia que se genera con el agua, aparece inevitablemente la relación con las moléculas que se mueven en contra de gradiente. Estoy un poco hipnotizada con la resistencia y con cómo un mínimo cambio en la posición del cuerpo puede hacer fluir mejor el movimiento. Mati me dijo que no intentemos averiguar cómo fue que aprobé. Yo todavía sigo sorprendida. Biología fue un parto. 

viernes, 20 de diciembre de 2024

Rompela


Mientras
tomo una lágrima en el café al que vengo todos los viernes, hago un repaso sobre la vida:

El amor está hecho de reclamos varios. Quien ama, reclama. Será conveniente recibir el reclamo, sin olvidar que, detrás de ese llamado de atención, hay amor.

Las tratativas con uno mismo tienen que durar poco; de lo contrario, se sale perdiendo. Es infinita nuestra capacidad para meter goles en contra.

Amigas y amigos nos enseñan a vivir.

La timidez, cuando perdura en el tiempo, es señal de no haberse lanzado a la vida. Es como un cascarón: está hecha para romperse.

Cuando todas las personas empiezan a decirte más o menos lo mismo —por separado y en distintos momentos—, ahí hay un punto.

El reconocimiento social hacia los alfajores Rasta es comprensible y merecido. 

La UBA es una jungla enorme y difícil a nivel administrativo. Si el colegio católico no logró su cometido, en la UBA profesarás de creyente desde el primer día, porque nunca sabés cómo van a salir las cosas. Y hay dos caminos: el estrés y la fe. Tomarás uno, pero descubrirás que confluyen. Te vas a inclinar hacia la fe, tus amigas van a prender sahumerios y velas, tu mamá va a ir a misa, y tu psicoanalista va a decir muchas veces "ojalá" y "esperemos".

No hay manera de evitar el salto mortal de vivir, escribió Fito. Salir invicto de la vida sería aburridísimo: no existirían historias.

La tibieza de una persona se delata cuando subraya un libro con lápiz. 

Llorar da un final, me dijo un amigo en un momento de angustia. Y continuó: vas a llorar en cafés, en la calle, en el bondi; vas a llorar sin saber por qué. Y cuando la angustia haya terminado su trabajo, vas a ser una nueva persona. Tenés que desaparecer para existir.

Los pensamientos y las preguntas significativas se caracterizan por quedarse con nosotros un tiempo, sin urgir en conclusiones inmediatas. ¿Son ellos los que nos llevan o nosotros quienes los llevamos? Te llevo para que me lleves, nos orienta Cerati.

Mantener preguntas alrededor del tiempo propicia observar cómo van cambiando las respuestas.

El gusto por escuchar cuentos en la niñez no termina ahí: se transforma y se traslada a escuchar con atención las historias de otros.

Cuando tengo que tomar una decisión, hago un congreso entre mis contradicciones para ver qué voz tiene más votos. 
Whitman: contengo multitudes.
Yo: no se diga más, sale reunión.

Si algo no llega jamás, chequeá si no estás sosteniendo la puerta del otro lado.

Es tan complicado hacer las cosas al derecho y no al revés.

A veces está bueno rendirse, que todo se caiga, descansar los brazos. Aplicar con moderación.

Si estás ansiosa, corré. Si estás ahogada, nadá. Uso y recomiendo.

No quiero tener la razón; quedatela.

¿Críticas constructivas? Construite una casa.

Si hay una nube solitaria en el cielo azul, es porque se olvidaron de avisarle que tocaba día despejado.

La confianza es peligrosamente práctica.

Mis consideraciones sobre las dificultades y exigencias que conlleva el acto de vivir me permiten perdonarme de vez en cuando.

Cuando llueve, se puede jugar al buscaminas con las baldosas de la ciudad.

Es de público conocimiento que Mariah Carey resurge en diciembre, pero yo me pregunto: ¿qué parte se le comienza a descongelar primero? ¿la punta de la nariz o los pies?

¿Por qué es tan arrollador establecer un vínculo? Porque sabemos, a partir de ese momento, que esa persona tiene una cuota de nuestro control.

Las chicas sólo quieren divertirse y un Calamaro, mezcla de Dargelos, que les susurre al oído mientras, en una danza de palabras, le confiesa retazos de sexo, placer y amor.

Para mí, el amor y la admiración están íntimamente ligados. No hay persona a la que ame y no admire. Mi primer gesto de amor deviene de la admiración.

Enamorarse tiene la imagen de una mañana fresca de invierno cuando el sol comienza a asomarse.

Que la vida sea, de vez en cuando, más pintoresca, divertida y llamativa que la ficción es lo único que me ha hecho recuperar el ánimo cuando lo he perdido.

Volver a casa de Intoxicados y El Tesoro de El mató a un policía motorizado, calibran perfecto en ese orden de reproducción. Lo descubrí de casualidad.