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martes, 10 de marzo de 2026

MELÓN VINO

En sesión hablamos mucho sobre luz, parecemos dos electricistas. Y últimamente, cuando pienso en cómo lo que duele se ablandece cuando es compartido y correspondido, me acuerdo mucho de un texto de Freud que dice, acertadamente, que hay más luz cuando alguien habla. También pienso en esta cita de mi querida Joan Didion: “Tengo la teoría de que si examinás algo da menos miedo. Donde yo crecí pensábamos que, si mantenías la serpiente en tu campo visual, no te mordería. Y así me siento al enfrentar el dolor. Quiero saber dónde está.”

Dos semanas atrás, en un momento difícil, le pedí un salvavidas a Mati y sus palabras me ayudaron mucho. Hice una pausa en dejar de cagarme a piñas y, casi a la par, preparé el atril y un lienzo que hace tiempo tenía guardado. Como dándole, en acto, más presencia al elefante en la habitación. Se rió cuando le conté que lo puse en el medio del living, con su medida de 1m x 70cm difícil de disimular. Unos días después me cansé de ver el lienzo en blanco, parecía una exposición que nunca empezaba. Y surgió la necesidad de hacerlo hablar. Pintar hasta que el cuadro hable, de eso se trata. Le conté de todo el laberinto obsesivo que se despliega alrededor y al final le mostré una foto de mi cuadro aún mudo. Lo miró con amor y acompañó su mirada diciendo: me sorprendí.

Prendo velitas los domingos porque me cuesta empezar la semana. Prendo velitas los martes para que la mitad de semana cueste menos. También prendo velitas cuando mis amigas me lo piden.
Corro por el momento en que la cabeza deja de hacer ruido. Y agradezco que me esté acompañando un Facu que no me presiona ni me tira un vendaval de frases motivacionales. Solamente sostiene que nos tenemos que comunicar más. Tiene razón. Pero mi reservorio de palabras está medio pobre; en breve como alternativa empiezo a mandar palomas mensajeras o señales de humo cuando todo se prenda fuego.

Sigo obsesionada con Fuego de Intoxicados, las repeticiones neuróticas, Bowie, la última peli que vi y, ahora, los horarios de las materias. Me inscribo el jueves y Mati ya sentenció: MAI ESTATE MUY ATENTA, y una serie de instrucciones que no estaban de más. 

Todavía no caigo que en unos días empiezo la carrera. Mati asegura que me voy a encontrar con mucho más de lo que creo. Tiene mucho corazón todo esto. Y probablemente, no dentro de mucho, también locura. Será entretenido. Espero estar a la altura del deseo.

viernes, 17 de octubre de 2025

I'm gonna get blue

Viernes morning.

10:15 am. Mi huésped todavía duerme. Me desperté 7:30, me hice matecitos, prendí la radio, escuché a Buenos Aires llover; todo un curso de cosas que no son propias de un viernes. Pero hoy no trabajo. 

Ayer hice un papelón más. Ya hice muchos este año. Quiero dejar de hacerlo pero no puedo, el panorama emocional interior se me desorbita y quedo expuesta en cualquier lado, sintiendo vergüenza y queriendo huir. Y eso hice ayer, me fui. 

En ese momento creía que estaba pensando, pero no pensaba en nada en realidad. La angustia se llevó mi pensamiento analítico —no así el organizado— y le envié un mensaje a mi analista que comenzaba diciendo: Mati perdón.

 ¿Qué habrá pensado? 

De todas maneras, había coherencia con lo que habíamos hablado el día anterior en sesión. 

—Estás ausente. (...) No, pero sin intentar darle un sentido: estás ausente.

Entré 8:30 y me fui 9:30, no esperé respuestas ni pedí permiso: actué. La angustia suele dispararse en ansiedad y en deseos de irme de cualquier lugar en el que esté. Por lo general, puedo manejarlo, pero esta vez, la angustia fue más fuerte y me produjo un efecto de pensamiento túnel, donde mi única opción viable era irme.

"¿Vos sabés que no te podes ir de tu puesto de trabajo sin mi autorización?", me preguntó la inoperante que tengo como jefa. 

Lloré en un consultorio de La Boca, la médica me preguntó si prefería 24 o 48 hs de licencia, me dió pañuelitos, me dijo que me ocupe y vendió mis síntomas en un certificado. 

Le respondí a Mati, me hizo bien leerlo y que esté al tanto. Aunque en un principio dudé si era importante avisarle, en situaciones así siempre es mejor contar con su apoyo. 

Me preguntó si me había ido a casa, le dije que no: di vueltas por media ciudad, envuelta en un aire de extrañeza y desenfoque predecibles, resolví trámites, compré regalos por el día de la madre y reorganicé la agenda del día para irme a nadar. Una vez ahí, entre brazadas y respiraciones menos superficiales que otras veces, reubiqué mi cabeza y mis pensamientos. Todo me pareció raro. Mati me hizo un seguimiento a lo largo del día. 

Ya estoy en eje, le dije a la noche.

miércoles, 23 de julio de 2025

Hablando a tu corazón



Un invierno tan calesita como quien suscribe, homenaje íntimo a la neurosis; no hay vuelta ni repetición que no se haya hecho o que se esté por hacer. Se declara el derecho a escaparse de los jefes, de los empleos, de las manos del tiempo para gozar al abrigo del sol.

viernes, 20 de junio de 2025

Mr. Blue Sky

Leo lento cuando me inunda la emoción y me sobra el apuro. La emoción me obliga a bajar, a admirar, a pensar un poco más, a no pensar nada a veces. Me gustan las lecturas que me marcan un tiempo suave, como si me exigieran otra cosa. Las mejores cosas requieren detención, pienso. A veces es mi cuerpo, imposible de domesticar, el que me pide movimiento; un movimiento que parece no tener fin ni revancha, que no sé a dónde me va a llevar. La cabeza, ahí, no es más que un copiloto que acompaña. Y esta parte indomesticable, salvaje y caprichosa, a veces parece saber más que la cabeza que insiste con estructuras, quietud, reglas. 

Unos días atrás, en una conversación sobre el cuerpo, me dijeron algo que, hasta hoy, no sé por qué me sorprendió tanto. Me pareció brillante. —¿En serio? —repliqué. Y la voz del otro lado del teléfono le dio otra vuelta de tuerca. Como no podía verme —aunque la voz ya es muy delatora—, sentí que merecía escucharlo: estoy muy sorprendida, le dije. —¿Qué es lo que te sorprende? —me preguntó. No supe decirlo. Borges decía que es difícil explicar un agrado; yo creo que también es difícil explicar una sorpresa. Y, quizás, no haya más que dejarse tomar por la sorpresa y el silencio que viene con ella. 

Una escena totalmente especial, una llamada bajo el sol por Buenos Aires una tarde de invierno.

viernes, 6 de junio de 2025

Estallando desde el océano

Todavía no encuentro la manera de ser menos un pez inútil, creo que porque un poco me divierte. Entonces voy abriendo ventanas adonde vaya, espetando para mis adentros: me ahogo.
Bajándome de bondis antes de llegar a destino, poniendo un pie en la calle seguido de un fuerte suspiro y una canción sonando aún más fuerte.

Y llego a sesión y le digo a mi analista: me estuvo faltando el aire.
Y él me invita a hablar, y entonces desenredamos la trama de piletas que se llenan hasta el borde y no me dejan respirar.
Al final de la sesión él dirá: “tu papá”. El espacio se llenará de un silencio sepulcral. Ante mi respuesta no respuesta, agregará algo más y dará por terminada la lectura.
Trataré de hacer de cuenta que no me movió un pelo que dijera “papá” en vez de su nombre, pero todo el cuerpo me delatará.

Llamaré a alguien. Suspiraré toda la conversación. Voy a tratar de escuchar, de responder; no va a funcionar.
No voy a atender ningún “¿cómo estás?”, pero voy a colaborar en cuanta conversación aparezca, mientras mejoro cada detalle de mi disfraz.

Cuando llegue a casa, voy a pasar rápidamente —como dándole play a un flashback— por cada momento del día, sin entender cómo puede caber tanto en 24 horas.
Me va a pesar lo que no hice.

El mate al final del día anunciará que sobreviví. Sigo con mis libros y con la vida.

miércoles, 14 de mayo de 2025

Olvidate de todo

Qué dificil que es aceptar con dignidad que tuviste un día de mierda. Yo quiero salir a gritarlo al balcón, caminar por la calle vencida mientras suena Hablando a tu corazón, y le doy la razón a Charly cuando dice: "No puedes ser feliz, con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor". Publicarlo en todos los medios, en la radio que nadie escucha y en el diario que nadie lee. Desear con todas las fuerzas extinguirme y sentir que así, en una de esas, en este instante o en el próximo, quizás sucede. 

domingo, 9 de febrero de 2025

Gozar

Una frase que se repite entre mis amigas ante las tempestades de principios de año es: "recién es febrero".  

Para mí, un verano intenso augura un año igual o más intenso.  

Ahora, por ejemplo, siento que los próximos días van a llevarme puesta, las condiciones emocionales tampoco ayudan a bajar el agua ni a disminuir los efectos de las cosas que pasan.  

Y en la toma de decisiones, estoy entre pasar la puerta o quedarme acá. Y este año, me deseo más valiente... Tendría que empezar a ponerme en práctica, a moverme, y que sea lo que tenga que ser. 

Tengo miedo, varios restos de ansiedad y una sensibilidad floreciente que insiste con estar. También es febrero y verano, y caben en este instante la intensidad de todos los instantes futuros.  

En momentos así, suelo decirles a mis amigas: al menos nos tenemos. Porque basta con una presencia amorosa para poder seguir.