23 de abril, 2021. Buenos Aires
Tengo la sensación de que hay algo en todo ésto que no está nada mal, y que incluso, nos salva de la locura y lo hace menos terrible.
Mientras en el caos, todavía exista una noche...
Una noche cualquiera en la que cantar como si de mi última función se tratara, o de bailar, o celebrar un cumpleaños, o de cocinar una torta de banana para llevarle a mi vecina, o llamar a mamá y reírnos de lo delirante y lo que aún sobrevive como común y conocido, o de citarme con Carli para tomar mates y que su risa inunde el departamento por el altavoz, o de encontrar un pensamiento brillante, o un gesto de amor.
Una noche cualquiera en la que sentir una paz profunda y que eso, también suene incoherente.
Todavía quedan sitios por donde salvarse y escurrirse cuando sea necesario.
En cada madrugadita, en cada abril de un otoño primaverezco, en todos los viernes pasajeros, una absurda oportunidad de vivir, de vivir mi vida.




