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viernes, 20 de diciembre de 2024

Rompela


Mientras
tomo una lágrima en el café al que vengo todos los viernes, hago un repaso sobre la vida:

El amor está hecho de reclamos varios. Quien ama, reclama. Será conveniente recibir el reclamo, sin olvidar que, detrás de ese llamado de atención, hay amor.

Las tratativas con uno mismo tienen que durar poco; de lo contrario, se sale perdiendo. Es infinita nuestra capacidad para meter goles en contra.

Amigas y amigos nos enseñan a vivir.

La timidez, cuando perdura en el tiempo, es señal de no haberse lanzado a la vida. Es como un cascarón: está hecha para romperse.

Cuando todas las personas empiezan a decirte más o menos lo mismo —por separado y en distintos momentos—, ahí hay un punto.

El reconocimiento social hacia los alfajores Rasta es comprensible y merecido. 

La UBA es una jungla enorme y difícil a nivel administrativo. Si el colegio católico no logró su cometido, en la UBA profesarás de creyente desde el primer día, porque nunca sabés cómo van a salir las cosas. Y hay dos caminos: el estrés y la fe. Tomarás uno, pero descubrirás que confluyen. Te vas a inclinar hacia la fe, tus amigas van a prender sahumerios y velas, tu mamá va a ir a misa, y tu psicoanalista va a decir muchas veces "ojalá" y "esperemos".

No hay manera de evitar el salto mortal de vivir, escribió Fito. Salir invicto de la vida sería aburridísimo: no existirían historias.

La tibieza de una persona se delata cuando subraya un libro con lápiz. 

Llorar da un final, me dijo un amigo en un momento de angustia. Y continuó: vas a llorar en cafés, en la calle, en el bondi; vas a llorar sin saber por qué. Y cuando la angustia haya terminado su trabajo, vas a ser una nueva persona. Tenés que desaparecer para existir.

Los pensamientos y las preguntas significativas se caracterizan por quedarse con nosotros un tiempo, sin urgir en conclusiones inmediatas. ¿Son ellos los que nos llevan o nosotros quienes los llevamos? Te llevo para que me lleves, nos orienta Cerati.

Mantener preguntas alrededor del tiempo propicia observar cómo van cambiando las respuestas.

El gusto por escuchar cuentos en la niñez no termina ahí: se transforma y se traslada a escuchar con atención las historias de otros.

Cuando tengo que tomar una decisión, hago un congreso entre mis contradicciones para ver qué voz tiene más votos. 
Whitman: contengo multitudes.
Yo: no se diga más, sale reunión.

Si algo no llega jamás, chequeá si no estás sosteniendo la puerta del otro lado.

Es tan complicado hacer las cosas al derecho y no al revés.

A veces está bueno rendirse, que todo se caiga, descansar los brazos. Aplicar con moderación.

Si estás ansiosa, corré. Si estás ahogada, nadá. Uso y recomiendo.

No quiero tener la razón; quedatela.

¿Críticas constructivas? Construite una casa.

Si hay una nube solitaria en el cielo azul, es porque se olvidaron de avisarle que tocaba día despejado.

La confianza es peligrosamente práctica.

Mis consideraciones sobre las dificultades y exigencias que conlleva el acto de vivir me permiten perdonarme de vez en cuando.

Cuando llueve, se puede jugar al buscaminas con las baldosas de la ciudad.

Es de público conocimiento que Mariah Carey resurge en diciembre, pero yo me pregunto: ¿qué parte se le comienza a descongelar primero? ¿la punta de la nariz o los pies?

¿Por qué es tan arrollador establecer un vínculo? Porque sabemos, a partir de ese momento, que esa persona tiene una cuota de nuestro control.

Las chicas sólo quieren divertirse y un Calamaro, mezcla de Dargelos, que les susurre al oído mientras, en una danza de palabras, le confiesa retazos de sexo, placer y amor.

Para mí, el amor y la admiración están íntimamente ligados. No hay persona a la que ame y no admire. Mi primer gesto de amor deviene de la admiración.

Enamorarse tiene la imagen de una mañana fresca de invierno cuando el sol comienza a asomarse.

Que la vida sea, de vez en cuando, más pintoresca, divertida y llamativa que la ficción es lo único que me ha hecho recuperar el ánimo cuando lo he perdido.

Volver a casa de Intoxicados y El Tesoro de El mató a un policía motorizado, calibran perfecto en ese orden de reproducción. Lo descubrí de casualidad.

domingo, 16 de junio de 2024

Y si querés te sigo

No hice nada en todo el día. Un homenaje al ocio. 

Anoche fui a un recital de los Babas. Belleza. No hay nadie que maneje mejor el arte del beboteo que Dárgelos. Ahhhhh!

La música salvó mi vida, lo confirmo todos los días.

Me está gustando mucho alguien y estoy conociendo a otro alguien, que no es el primer alguien. Y este último alguien me robó un beso, me corrí y me dijo: no daba, no?  y me sinceré: no estoy buscando una relación. (En realidad sí, pero no con vos).

No voy a invitarte a mi fiesta, pero me encantaría que aparezcas.

Hasta ahora metí 4 de 5 parciales. La vida universitaria va bastante bien, duermo siestitas en la biblioteca, muero dramáticamente en cada nuevo intento de entender biología, paseo apuntes por media ciudad, hago recreos musicales, mi gente celebra conmigo cuando me va bien y, cuando me va mal, me animan. Hay mucho afecto en esta nueva parte de la vida.

Cada dos por tres tengo ganas de renunciar, pero creo que es porque cada vez es menos fuerte este deseo, y como todavía no hay nada en su lugar, intenta aferrarse al papel que siempre tuvo: una medida protectora de bajo presupuesto, pero de alto valor sentimental. La vida sin salvavidas es imposible. Sé también que si me relajo, si abandono algunas ideas, no me voy a hundir, voy a flotar. Pero esta secuencia siempre da miedo.

La mitad de mi vida fue planeada sobre un edificio que ahora está en demolición. Estoy bastante perdida. 
Unos días atrás, caminando por Buenos Aires, le dije a mi psicoanalista: no sé cómo llevar mi vida. Pero la estás llevando, me respondió. Al final, argumentó: querés controlar la vida y la muerte, querés saber lo que va a pasar antes de que pase, no lo podes saber, tenés que vivirlo.

Entre nosotros, aquí y ahora, un secreto: no voy a dejar que la vida me aplaste.

lunes, 27 de mayo de 2024

Y quemé las cortinas

Veo los agujeros del techo, tomo matecitos, postergo las últimas horas de estudio antes del parcial; la noche acontece y la vida es esto, este momento, esta porción de caos divertido y poco estético (vuelvo a mirar los agujeros).

Mañana rindo pensamiento científico y biología. La vida estudiantil todavía no me absorbió: pensamiento la empecé a preparar hace unas horas, después de pasar dos horas en un café charlando por teléfono con mamá. Me tengo confianza y además, supuse que esta cantidad —quizás exagerada— de recreos no iba a trastocar demasiado los resultados.

Biología, en cambio, es como agarrar agua: se me escapa de las manos. Y faltando menos de 24 horas para rendir, todavía no sé cómo estudiarla. Por eso a cada persona que me crucé hoy le pedí que prenda velitas, sahumerios, puchos, lo que sea; acá lo que importa es la fe. Y es gracioso y hermoso, como se prende este equipo de personas, deseándome suerte y bancando los trapos, preguntándome cuándo rindo, qué rindo.

Hoy pensaba, ¿cuántas de las cosas que les contamos a los demás les interesan solo porque vienen y tienen que ver con nosotros? ¿Por qué escucharías hablar a alguien de ajedrez o de cómo descubrió tal o cual cosa, si no es por amor?

El amor, con suerte, nos libra de caer una y otra vez sobre nosotros mismos, nos saca del ensimismamiento.

El amor es un acto de presencia. 
Es una pregunta: ¿estás ahí? Es una respuesta: estoy acá. Pienso en el "¿hola?" que se formula en la llamada telefónica y la respuesta "acá estoy", que anula la angustia y el silencio.

lunes, 20 de mayo de 2024

Influencia

La vida se cuela por cada callecita, por cada bondi que concluye en mañanas, en amaneceres gélidos de invierno. Soy feliz en este momento, aunque me queje, aunque diga estupideces y caiga con frecuencia en lugares darkies, desconocidos y familiares a la vez. Me gusta el caos que me está ofreciendo la vida, las personas que me rodean, que son como un equipo, una hinchada que no me deja sola en ninguna. En el último año, descubrí que me encanta volver colectivos los actos que bien podrían ser solitarios. Compartir, buscar apoyo en el otro, sentir que mi oración termina y comienza otra en otra boca. 

Nunca me sentí tan acompañada como ahora, ni tan Mai. Qué loco que acercarme más a mí me haya acercado más a otros.

Siento que nunca puse tan en juego la vida como en este momento. Me estoy replanteando ideas que edificaron mi vida durante la mitad de mi vida, y no sé qué hay a la vuelta, qué me espera si las dejo ir, si le quito el disfraz que le puse a la vida. ¿Qué habrá? ¿con qué me encontraré? tengo más miedo del que puedo expresar, pero no estoy sola en este laberinto. Hace unos días, cuando pregunté qué hay detrás de una idea que parecía firme pero que ahora tambalea, y que siento que si se cae, caigo con ella, Mati me respondió: algo mejor. ¿Qué es eso mejor? Si esa idea, aunque sea un delirio, me salvó. 

Hay un largo recorrido a la vista, eso lo sé, y es la primera vez que lo estoy diciendo en voz alta: un recorrido a la vista... Un futuro.

viernes, 1 de marzo de 2024

 Nunca imaginé que alguna vez iba a volver al pasado de esta manera, como trazando un mapa, siguiendo los pasos que hice, tratando de encontrar los puntos que fallaron, lo que no funcionó y también lo que sí. 

Estar en análisis es como darle otra oportunidad, otra atención a mi yo de antes de ayer. Y quizás, eso era lo que buscaba. Una atención en forma de pistas de Blue. 

La sesión de hoy fue intensa. 
Me doy cuenta que estoy en automático cuando Mati me pregunta cómo estoy y, claro, nunca respondo todo bien; eso es muy cotidiano, muy de afuera. Pero hoy sí, un desliz, todo bien, ¿vos? 
Me mira, hace una pausa y se arregla con bien. Hace silencio y me mira divertido. Últimamente hace silencio al principio, dejándome lugar a que empiece, pero yo nunca sé qué carta tirar. Procede: ¿qué tal la semana? 
Más o menos, no mal mal mal, pero... 

— Estuve ausente éstos días. Y ayer sentí mucha incomodidad, muchas ganas de desaparecer.
— Incomodidad con el cuerpo? 
— Sí
— Y ahora, cómo estás? Estás incómoda?
— Sí, más o menos. 
— Y cómo sabés que estás incómoda?

— Cómo sentís el cuerpo? ¿Es un cuerpo que duele, pica, sangra...?

Me explayo con placer intentando explicar lo que siento cuando siento ganas de desaparecer. La sesión recién empieza y yo ya hice silencio 89 veces, Mati me mira y orquesta los silencios invitándome a seguir. ¿Cuántos mjm musicalizará por día? 

El deseo de desaparecer es utópico, aclaro, no puede uno irse ni dejar el cuerpo. La incomodidad es como sentir que el cuerpo es un extra, algo que me quiero sacar de encima. 

— ...Depende de cómo esté la relación conmigo misma
— Pero el vos misma incluye también a tu cuerpo!

— Estas ganas de desaparecer me parece que en realidad son ganas de estar mejor (...) En los momentos en los que estás bien, cuando haces natación, no tenés ganas de desaparecer... Tenés que hacer cosas que te hagan sentir el cuerpo, darle otros usos.
— Por ejemplo?
— Natación es un buen ejemplo, en el agua sentís el cuerpo de otra manera... 
— Hoy pensaba en eso, cuando terminé de entrenar pensé hago muchas cosas mal, muchas cosas en contra mío; pero hay algo que hago bien, el movimiento, es lo único que la mente y el cuerpo me piden al mismo tiempo. 

Me habla de aceptar el cuerpo que tengo y pienso en una canción de Charly que conocí por él (ey, vos! bancate ese defecto). 

Hace una lectura que me interesa, une las ganas de sacarme el cuerpo con lo que le hago en contra, como para contrarrestar el impedimento real de huir. Y dice, como muchas veces: este vaciar, llenar, vaciar, llenar... 
Habla, habla, habla. Trato de escucharlo profundamente. Estoy practicando el tema de la atención cuando escucho a alguien. A Mati me gusta escucharlo porque me gusta las palabras que usa, capturo su manera, su idioma. 

— Te voy a preguntar algo que no hemos hablado, todo ésto tiene que ver con el erotismo, con la sexualidad, con el sexo?
— En qué sentido?
— De cualquier manera
— Sí, alcanza varios temas. En los momentos que siento incomodidad, no me gusta el contacto físico con otros 
— Ahhhh

Con la compilación de sensaciones extravagantes que declaré, pensé que me iba a decir drogas, pero dijo erotismo.  
Confieso que tenía miedo de empezar a hablar más y que se eche atrás, pero más allá de amenazarme con derivarme —como forma de ponerme un límite— no llegó. Y mis ausencias ya no le asustan, así que ahora sí, es mi analista. 

De la sesión de la semana pasada me llevé una frase y hoy la solté en forma de pregunta: no tuve éxito. Mati da 120 vueltas antes de responder una pregunta o responde con silencio esperando que el efecto espejo me haga hablar. No happens. Lo llené de preguntas igual, no es tan paciente con el silencio, ya lo descubrí, me corta o responde. 

— Por qué desborda un cuerpo? 
— Qué querés decir con desbordar? 
— Que va más allá del límite 
— ...

— Qué te pareció Un cuerpo al fin?! 
— Me encanta. De ahí viene mi pregunta. Ahora estoy con la parte en la que elogia al síntoma. 
— Qué es lo que te gusta? Qué te preguntas?
— Tengo una pregunta, no, dos preguntas. ¿Por qué un síntoma y no otro? ¿El síntoma siempre es agresivo?
— .... Hay síntomas más o menos agresivos, con uno o con otros (...) Hay personas que conviven con su síntoma toda la vida, como forma de inhibición o de fobia, son personas que tienen mucho respeto por la vida 
— Cómo mucho respeto? 
— Tienen mucho miedo por la vida 

Interrumpe mi hilo de interrogaciones con una pregunta que me sorprende y me resulta familiar a la vez.

— Qué buscas?
— Capaz un poco de calma, aunque la pierdo más de lo que la encuentro
— Ajá 

Mi respuesta le es indiferente y cambia de tema. Los dos sabemos que respondí por responder. 

Hablamos del síntoma como si fuese un primo en común, hasta que lleva el tema hacia mí, como un conductor. Y empieza a hablar de ayunos. 

— Y me decías que todo ésto empezó cuando tenías 10, 11 años 
— Sí, me costó pasar de la niñez a la adolescencia. No me resultó natural, me resultó chocante. Estaba negada. 
— Es un momento de muchos cambios en el cuerpo 

— Me acuerdo que no quería saber nada con la menstruación. La primera vez que menstrué tenía 12 años, o sea la edad estaba re bien, fue a la mañana y lo conté recién a la noche, la negación total.
— ¿Por qué no querías menstruar? ¿Ya sabías lo que era? ¿Tenías información?
— Sí, tenía toda la información. Pero yo no quería saber nada. Encima fue en reyes magos (?) 

El comentario de los reyes magos queda perdido en el aire, Mati es judío. Agrega que la menstruación significa pasar a ser mujer, lo pienso y disiento. Pero lo voy a tener en cuenta.

Mati agarra la menstruación como tema central y a mí, no sé por qué, me gusta hablar del tema. Y empiezo a recordar. 

— En un momento perdí la menstruación, no menstrué por meses, comía muy poco. No hacía ayunos pero sí restringía mucho. 
— Cuándo fue eso?
— El primer año en Buenos Aires
— Tuvo que ver el irte del sur la incomodidad con tu cuerpo? 
— No, de hecho en ese momento me sentía bien. Estaba acostumbrada, lo tenía naturalizado. 

En ese momento, perder la menstruación fue el primer quiebre, y el segundo lo recordé después.

— Fui a la nutricionista, fue la peor consulta médica que tuve, tenía cero tacto. Se asustó en frente mío y cuando me estaba dando el próximo turno me dijo: quiero verte la próxima vez, sino voy a tener que ir a buscarte abajo de la tierra. 
— NOOOO
— Siii, proyectó mi muerte futura. Y yo tiendo a ser literal y me imagino todo muy rápido... Volví la segunda vez
— Mmm
— Y sí, me asusté. 

— Vamos a dejar por acá hoy
— Bueno
— Vamos a construir bordes 
— ¿Cómo bordes?
— Límites

La dinámica en terapia a veces es graciosa porque Mati habla habla habla y yo le pregunto, él responde y seguimos así hasta que se da cuenta y se queda en silencio. Un análisis debe tener momentos divertidos. 







domingo, 17 de diciembre de 2023

Tormentita cachivachera

 Domingo 3:30 AM.  

Me desperté y ahora doy vueltas, prendo el ventilador y me tiro en el piso. El departamento tiene el desorden lógico de un fin de semana, pero está limpio. Mis pensamientos recorren distancias que a veces no logro acompañar en un compás, y los suelto de a bocados en lugares, en personas, en mí.

Me gustaría poder traducir mejor lo que siento, pero el lenguaje no siempre logra satisfacernos. (Quizás haya que aprender a intentarlo más de una vez). Cuando cierro una idea y quedo fascinada con el resultado, interiormente me autofelicito. Nunca me pareció fácil unir una palabra con otra hasta hacer un hilo que tenga sentido y además diga lo que quiero decir y un poco más; eso que el interlocutor escucha con voz de seguridad pero que no estaba en mis planes.

Me gustan las sorpresas, incluso cuando son propias. No quiero nunca dejar de abrir esas puertas. Me gusta hablar sin pensar, sin hacer la tarea maniática de modificar y editar oraciones en el aire. Para hablar sin pensar es necesaria la confianza; sin ella, las palabras se asustan y no salen, o lo hacen de una manera forzada, como rehenes en una toma.

Para hablar y que guste, hace falta inteligencia, creatividad y rapidez. Puedo atestiguar que cualquier persona que tenga dentro suyo esos ingredientes puede seducir a quien quiera. Al parecer, cuando se trata de lenguaje, los rehenes en realidad somos nosotros.

“Lo que te digo nunca es lo que te digo sino otra cosa” (Clarice Lispector). El lenguaje es la puerta al detrás de escena, la luz que reafirma los laberintos y llama a la duda. Si aceptamos su invitación, quizás descubramos qué hay detrás, que se juega allí donde las palabras, en un principio, nos engañan. 

domingo, 3 de diciembre de 2023

Dejar que baje el agua

¿Quién dijo que del amor no se puede vivir?
¿Quién pudo haber dicho algo así?

3 de diciembre, 23. Buenos Aires 

No sé si se trata de volver, pero siento que tengo que recuperar algo, algo que perdí muchos meses atrás y que, incluso cuando creí haberlo encontrado, era en realidad un engaño a la luz del sol.

Mi vida está llena de olvidos cotidianos que no me causan mayor preocupación. Podría remediarlos si anotara más las cosas pendientes y si me gustara menos atentar y jugar a ir recordando en el transcurrir del día.

Pero hay un olvido que sí me roza. Me da miedo esta facilidad con la que uno puede ir dejándose casi sin darse cuenta, un paso y después otro, una sonrisa acá que no fue sincera, una frase modesta, un disfraz que al principio incómoda pero después ya no. ¿Quién soy? No quiero responder esa pregunta. Quiero saberme alegre, liviana, sincera, con las emociones a flor de piel, con los pensamientos en mi equipo y no en contra. Quiero saber que camino en dirección al sol y que al pasar por una esquina todavía no olvidé esa vieja costumbre de pedir un deseo al aire, porque lo que importa detrás de ese acto es creer, seguir confiando.

Quiero no volver a confundirme en el barullo, que los problemas vuelvan a tener el peso que tienen y no generar mayor distracción de la que merecen. Quiero encontrar a Mai en el espejo y sentir que no me perdí, que estoy acá, conmigo.

Hay sueños en los que me despierto adentro del sueño, sueños que me dan paz y esa paz me acompaña a lo largo del día como una música que sólo yo puedo escuchar. Hoy me desperté porque soñé que llovía adentro del depto. Entredormida escuché el sonido de la lluvia y pude sentir que realmente llovía y la cama estaba húmeda, las paredes también. Miré el celular: eran las 8 am, lluvias suaves. Cerré los ojos, soñé que le preguntaba al encargado del edificio si sabía algo del depto de arriba, porque acá llovía y supuse que el problema venía de ahí. Prendí la luz, dejó de llover y no entendí. El encargado me respondió: "si prendes la luz, deja de llover, si estás en movimiento, deja de llover...". Creo que hay sueños que hacen bien.